Es lo último en procesado inteligente de residuos, y acaban de estrenarlo en la ciudad holandesa de Groningen: se trata de unos cubos de basura robotizados que piden el DNI a quien vaya a deshacerse de sus desperdicios y le cobran en función de los que genere.
Se han instalado seis mil en toda la ciudad. Funcionan con una batería de alto rendimiento que les otorga de una autonomía de hasta cinco años. Con un lector especial instalado en la tapa, se permite su apertura sólo al presentarse una identificación.
¿Y qué pasa en su interior, cuando alguien arroja desperdicios? Pues hay un sistema subterráneo de clasificación de basuras que distingue entre desperdicios y envases reciclables, y calcula la factura que tiene que abonar cada familia por el servicio.

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